Hace unos días tuve una experiencia alucinante con Rafa, el policía que os mencioné hace semanas. Le tenía preparada otra cosa... y al final me dejé llevar por lo que a él le apetecía.
Le ofrecí un cubata en mi casa y entramos en calor rápidamente. Empecé a conocer el lado "dulce" de este chico dominante. No paraba de repetirme lo guapa que me había puesto para él aquella noche. De hecho, estrené un conjunto de ropa interior para él. Muchos de vosotros ya lo conoceréis porque he emitido con él puesto en la webcam. Recuerdo que me lo recomendó Isis cuando estuve con ella en Barcelona y cada vez que me lo pongo me acuerdo de ella ;)
Coroné mi preparativo con unos altísimos zapatos de tacón también negro, al más puro estilo Lolita-Pinup.
Es negro con puntillita rosa y algún lazo discreto. Le adjunté un portaligas negro con unas medias de encaje que a Rafa le volvieron loco. Me hizo desprenderme de mi falda negra y metió la mano entera entre los botones de mi blusa blanca.
Siguió con su peculiar peloteo: "estás preciosa esta noche, Martita. Déjame que te haga más bella con mis caricias...". Llegó un momento que me pareció hasta ñoño jajaja. Posiblemente no esté familiarizada con esos comentarios y menos aún proviniendo de él.
Un momento dado le sugerí que era mejor que callara con uno de mis besos y nos fundimos en uno que duró varios minutos. Desde el primero ya noté que el bulto de su pantalón estaba hinchado, duro y erguido... Se que me deseaba con todas sus fuerzas, posiblemente me hubiera aprisionado contra la pared a cuatro patas, manos a la espalda y enculada salvaje.
Pero no, esa noche iba a estar dedicada a mi placer. Lentamente fue bajando con sus besos por todo mi cuerpo. Sin apartar su boca de mí me dejó con el portaligas, las medias y los zapatos puestos, echando la ropa, mi sujetador y el tanga al suelo. Quise tocar su entrepierna y llegué a lamérsela con ansia pero apenas pude saborearle durante unos segundos.
- Uffff Marta, no sigas que me corro, no se cómo me lo estás haciendo hoy que voy a estallar -imploró apartándose de mi boca.
Me echó sobre la cama ensañándose con mis pechos. Los besó por cada poro, los lamió con suma suavidad, los lleno de besos y suaves mordisquitos estratégicamente realizados. No hay persona que haya perfeccionado tanto el placer de mis senos, me puso el coñito empapado de deseo. Se vio tentado de pasar su lengua por mi zona en plena ebullición.
Finalmente hundió su cara entre los pliegues de mi coñito que tanto le llamaban la atención. Movía la lengua cual animal salvaje bebiendo de un manantial de agua fresca. Lo poco que pude ver era espectacular. Esos movimientos de boca no me los hubiera imaginado ni en sueños... demasiado dulce para ser cierto.
Tal fue el impacto que estaba esperando para ser embestida inmediatamente por lo que fui a por el condón para hacerle mío. Pero no, insistió con que mi espalda no debía de despegarse del colchón. Tuve que obedecer porque se puso serio en plan amo y eso me pone sobremanera así que cedí ante su capricho.
Jugó un rato con sus dedos en mi clítoris, aparentemente torpes. Hasta que, de forma inesperada, dos de ellos los introdujo en mi vagina debidamente lubricada.
- Joder tía, te resbala tanto que no se si sientes mis dedos penetrándote... creo que voy a tener que meter el tercero a ver - vaciló.
En efecto, el tercero también estuvo indagando por dentro. Salía y entraba muy despacio al principio. La pena es que yo necesitaba algo que me llenara más.
- Uy no Rafa, necesito que me folles ahora uffffff, prefiero tus polla a tus dedos - me justifiqué así por no decirle que no me estaba gustando tanto como imaginaba.
- Relájate que ahora viene lo bueno - contestó.
Dios, el tío dio con mi punto G y supo encaminar dos dedos suyos hasta casi llevarme al éxtasis. Era un disfrute nuevo, notaba un gustito raro y nunca experimentado.
- Sabía que te iba a saber a gloria, pedazo de zorra - susurró.
Era ya lo que me faltaba, que me llamara como sabe que me pone contenta. Es cierto chicos, me encanta que me hablen de forma ruda en la cama, hasta pasándose de la raya. Siguió soltando por su boca adjetivos divinos para mis oídos tales como: guarra de carretera, puta barata, cerda empedernida, viciosa insatisfecha.... Es como elevar mi placer al cuadrado.
El foral seguía afanado en hacerme reventar de placer. Movía sus dedos encogiendo y estirando sus dedos, con la palma hacia arriba. Acercó su lengua nuevamente hacia mi punto de gloria, y, yo jadeando, le entregué todo mi fluído natural en su cara.
Noté, incluso, que me iba a mear de gusto. Le pedí que, porfavor, parara, que me tenía que ir al baño, que no podía hacerme pipí en la cama...
- No es orina, golfa, va a ser tu corrida - aseguró.
Grité "¡no, joderrrr!" un poco apurada por si de verdad era orina aunque me extrañaba porque me estaba dando gusto. Sacó los dedos untados a tope de mi flujo y los metió en la boca. Y sí, estaban muy buenos uhmmmm. Los volvió a introducir, pegando simultáneamente su boca en mi chochete y lamió de mí con suma habilidad.
- Ohhh dios que viene!!! - jadeé de gozo.
El hijo de su madre me hizo hasta temblar. Me regañó por no dejar que liberara mi don, una abundante corrida por su cara. Le comenté que no me había pasado antes esa sensación y que me hacía sentir extraña, como cualquiera ante lo desconocido.
Volvió a meter sus dedos como antes, estimulando esa rugosidad que me hacía estremecer. Consiguió así dos orgasmos más, esta vez sin esa peculiar preocupación de si echaba todo encima de él. Aunque le hubiera gustado, no salió ningún liquido disparado. Eso sí, las convulsiones eran tremendas y le saqué los dedos con rapidez porque mi pared vaginal se contraía violentamente.
- Esta vez no te escapas, ven aquí, pedazo cabrón - ordené, tomando el papel dominante de esa situación.
Su polla apenas se había bajado durante todo el experimento, conseguí dejarla al cien por cien en muy poco tiempo a base de masajearla. Lo cabalgué cual jinete mientras él agarraba mis tetas. Echó la leche dentro mía pero siguió embistiéndome porque necesitaba más de mí.
Me tomó del pelo mientras manejaba la situación a cuatro patas. No me extrañó que me enculara, sabía que lo necesitaba como el comer y hoy sí que se lo había merecido. Dilaté sin problema porque aún me duraba la excitación de minutos antes. Me embestía suave y acompasadamente, enterrando el rabo hasta que hacía tope con su pubis.
Entonces empezó a respirar más agitadamente, me daba la impresión que volvería a llenarme de esperma. Volvió a hacerme lo de la vez anterior, pasó su gran brazo por encima mía hasta que llegar nuevamente a mi clítoris que estimuló con gana y me puso cardiaca nuevamente. Me lo froto con gran estrategia y consiguió mi cuarto orgasmo uhmmmm.
Ese fue el detonante que le dio permiso para inundar mi culo de su elixir...
NOTA: Este relato es verídico