El despacho de Andoni era una pequeña oficina en plan modernista con un cómodo sofá en la recepción de la misma.
Me acomodé echándome hacia atrás con mi microvestido. El oculista no dejaba de echarme miradas lascivas que delataban su paquete abultado. Le hice un breve crucé de piernas a lo Sharon Stone, intentando distraerle.
Había una llave en la cerradura que daba al resto de la tienda. Mi cómplice me dio orden de echara una vuelta a la misma con el fin de tener más intimidad. Pronto cerraron el establecimiento y así era fijo que no tendríamos interrupciones.
Andoni seguía soldando unas gafas en su mesa habilitada con tal fin. Como me aburría un poco me puse a mirar sus diplomas. Colocaba mis pies de puntillas inclinándome hacia delante para comenzar mi particular ritual de acercamiento. Movía mi cadera sugerentemente, de un lado a otro... hasta que con el roce en mis bragas acabé empapando todo.
Me bajé el tanga hasta los tobillos para quitármelo y me miró de reojo
- Pero Marta... que voy a soldarme el dedo jajaja
Como ya había confianza le guiñé un ojo pícaramente y me levanté dirigiéndome hacia él. Se apartó sigilosamente hacia un mueble bajo que había y sacó una botella de champán.
- Brindo por ese cuerpo y tu gracia -lo dijo ofreciéndome una copa y plantándome un morreo de campeonato.
- Ufff Andoni, guapo, qué bien hueles. Anda, dime el nombre de la colonia que me vuelvo loca...
Me contó que era la de Dolce-Gabanna uhmmm Nos dimos el lotazo sin haber bebido apenas un sorbito de la bebida burbujeante. Dejamos las copas sin mucho cuidado por ahí. Me llevó al almacén. Había un sofá-cama bastante cómodo y me llevó allí mismo.
Sin dejar de besarle, me coloqué encima de él y mi coñito ya empezaba a rozarse con su falo a medio erguir, con ropa interior de por medio.
El quitó mi blusa casi del tirón, me sacó las tetas del sujetador por encima de éste y me cogió las tetas con ambas manos, lamiendo como si fuera un helado que se está derritendo. Hasta me llegó a hincar el diente, se puso un poco salvaje ufff.
No me quedó otro remedio que pedirle calma colocando mi mano cerca de sus dientes... Sentí alivio mezclado con placer en cuanto noté bastante menos presión.
Continuará...