Este relato es una experiencia que realmente me ha ocurrido.
La pasada nochevieja, para recibir el 2010, montamos una fiesta de parejas. Fuimos un total de 10 más algún chico invitado. La cena excelente, mucho champan, uvas, musiquita chula y... las nenas vestidas como si fueramos unas golfas.
La gente estaba un poco cortada porque pocos nos conocíamos entre sí. Sacamos unas cartas para jugar un strip-poker para calentar el ambiente y congeniamos con una pareja que había contactado con Joaquín.
Eran un poco novatos e hicimos buenas migas. Fuimos a un reservado y dejamos que llevaran ellos el ritmo. Noté a Alberto, el chico, un poco nervioso, me dijo que le imponía mucho. No quiso penetrarme porque, según él, no duraría mucho. Eso sí, os aseguro que me hizo un favor fantástico jejeje. No hay nada mejor como dejarse hacer y él... manejaba la lengua con mucho estilo.
Quisieron hacer una pausa y salimos al salón a recuperar un poco el aliento, sobre todo yo. Joaquín empezó a fijarse en una morenaza guapísima que se animó a hacerle una mamada a nuestro colega Tomás en el sofá del cuarto de estar. Por aquel entonces estaban todos un poco dispersos. Le atacó a ella y le comió todo mientras yo empezaba a relajarme de más, el cansancio de preparar el evento parecía me "estaba ganando" la batalla.
Entonces decidí dejarles a los tres enredar un poco mientras me despejaba en el baño. Volví para seguir mirando un ratito, creyendo que la noche había llegado a su fin. De repente un joven se abalanzó sobre mí, arrastrándome a un canapé enfrente de donde estaba mi chico.
Me metió mano por debajo de la ropa que aún llevaba puesta y su mujer me besaba en la boca mientras tanto. Me espabilé del todo ya cuando atisbé un bulto enorme en su paquete, más que por su largura lo que destacaba era el grosor y la dureza. Aquéllo lo tenía que probar de inmediato!! Ahí andaba yo bocarriba con una polla que apenas me cabía entre los labios y la lengua de Rakel por mis pezones... Todo aquéllo me sabía a gloria porque, la verdad, no recuerdo haber tenido un falo de esas dimensiones paseando por mi lengua.
Como tampoco me imaginé que de la tremenda mamada que le pegué se me corrió en mi boca por sorpresa en menos de cinco minutos. Debía de volver al servicio para limpiarmelo todo y no quería perderme nada de la fiesta.
A la vuelta, aquella pareja ya estaba dándole duro. Sentí envidia de no cabalgar yo ese rabo tan portentoso porque estoy segura de que hubiera logrado una cadena de orgasmos, recorriéndome placenteramente como le sucedió a Rakel. No podía hacer nada más que mirar y frotarme el coñito...
Hasta que, nuevamente, me agarró una mano desconocida invitándome a repetir lo que le había hecho a aquel mozo. A Angel le costó mantener la erección por lo que pronto vino Jokin a por mí a darme verga dura para tenerme contenta. El vicio de tener dos pollas a mi servicio era bastante tentador para seguir la juerga.
Viendo que mi nuevo acompañante era un poco comodón, me aparté un poco y cogí a mi chico por banda para que me tuviera ocupada. Entonces llegaron otras tres parejas a nuestro lado y Gaizka, con el que había simpatizado en la cena, tomo mi mano y me puso bocabajo en un colchón que estaba colocado por ahí cerca. Consiguió relajarme con un masaje y me quito la ropa sensualmente.
Tenía una sorpresa aún que darme, me masajeó con un vibrador de bolsillo y me empecé a sentir súper cómoda. Pronto me pellizcó los pezones, hizo girarme sobre mí misma para cogerlos delicadamente entre sus dientes, sin apretar. Sabía cómo darle en el punto justo para sentir ese escalofrío cojonudo.
Me tocó levemente mi empapado coño y sus labios se posaron con los de mi raja, delizándose desde el culo hasta el botoncito mágico. Lo entreabrió con los dedos e introdujo la lengua en mí. Empujaba con movimientos circulares, transversales y de lado a lado la saliva que derramada. No recordaba una lengua así de juguetona explorando mi cavidad tan profundamente, bebiéndose literalmente mis secreciones.
Se apartó un poco de mí para darme a entender que sería buena idea llevar a cabo nuestro número favorito. Así que me senté sobre su cara restregando toda la maravilla que él decía que poseía y, que, en ese momento, le pertenecía íntegramente. Me limité a saborear su tranca, la cual había adquirido un tamaño importante. Pensé "uhmmm, joder, todo esto me va a meter?" y con esa idea me abalancé fieramente a que sintiera como me adueñaba de su sabor.
Recorrí con ahínco desde los huevos hasta el capullo ayudándome con la mano, la cual se deslizaba al compás de arriba a abajo. Engullí de nuevo todo lo que pude hasta sentir la punta en la campanilla, la saqué un poco y repetí la operación varias veces hasta que le pillé desprevenido para follarme la boca con sutileza, sin sacar apenas el rabo. Me cogió de la cabeza para hacer los movimientos rápidos y profundos sin desantender mi coño ni un segundo uffff que malita me estaba poniendo.
Me puse con el culito en pompa invitándole a poseerme sin miramientos. Lo hizo despacio para que mi conejito cediera por completo y, tras unas suaves embestidas, me agarró fuerte de las caderas para que llevara yo el ritmo. Separé los pies y empecé a botar como una posesa. Hice fuerza con todas las partes de mi cuerpo que pude a la vez que Gaizka me azotaba el trasero y ayudaba a que incrementara el ritmo de los vaivenes. Antes de notar que se me cargaban un poco las piernas, mi experto amante se colocó en cuclillas -con las piernas estiradas mientras yo seguía a 4 patas- para hacérmelo de forma casi vertical. He de reconocer que esa postura me tiene loca de alegría. Ahora era él quien se ayudaba de mis caderas para taladrarme con un gran estilo casi llevándome hasta la cima. Notaba sus huevos rozando mi culo y la dureza de su rabo palpitante.
Giré la vista a la izquierda y contemplé a Ainara corriéndose mientras cabalgaba a Joaquín con lo que mi mente se aceleró de más, alcanzando yo también el clímax entre alaridos que se pudieron oir en toda la casa. De hecho, los de mi alrededor me preguntaba si es que me hacían daño o qué. En ese momento me relajé un poco y me di cuenta de lo que me estaba rodeando. Unas seis o siete personas estaban concentradas en una habitación con la puerta corredera bien abierta. Estaban Rakel con su chico, Angel y otras dos parejas que no adivinaba a averiguar quienes eran. Vamos, aquéllo estaba tornando en una verdadera orgía.
Gaizka me invitó a cabalgarle. Me senté sobre el, llegando a mover el culete en circulos para combinar varios ángulos. De repente sacó un minivibrador de bolsillo y lo aplicó en mi punto especial, hinchado de gozo. Se debió pensar que yo podría alcanzar 3 o 4 orgasmos de golpe... así que lo movió en varias posiciones.
Pronto me susurró "me encantan esas caras que pones cuando te doy caña ufff" lo que me hizo acelerar mi ritmo cardiaco. Coloqué mis piernas en cuclillas y saqué la polla hasta el capullo, metiéndola de un golpe. Entonces noté un pequeño arañazo en el pie, como de que le estaba molando un montón. Me pidió cambiar de postura porque así se iba a venir de un momento a otro. Me puso a prueba con un "sigue cabalgándome"
Lo pillé al vuelo, me puse igual pero dándole la espalda y con los brazos estirados agarrados a la cama. Esta vez lo que empezó a moverme velozmente fue el clítoris con sus dedos y, de vez en cuando, me pegaba un pellizco en el pezón para que no aminorara el ritmo. Me lo curré bastante bien, apenas dejaba de hacer esa especie de sentadillas atravesada con su polla bien erecta. Decidí poner a prueba su resistencia y coloqué mis pies encima de sus rodillas, a ver si él iba a responder como me esperaba y... madre mía!! Cómo movía el culo el tío, de arriba a abajo con pasión. Sus pelotas botaban por la fuerza y, entonces, Ainara se puso a comerme el coño tan divinamente. Joder!!
Llegué a pensar que aquéllo era un sueño, que no me podía pasar a mí. Entre el dichoso juguetito que tenía aderido a mi coño, las embestidas del campeón sobre el que estaba sentada y la lengua de Ainara con la visión de que Joaquín se la metía bien duro a cuatro patas, alcancé el tercero de la noche. Con esos gritos, mi chico me siguió e inundó a la chiquilla de leche. Se me debió de bajar la tensión o algo porque me mareé... o fue del placer obtenido, yo que sé.
En la habitación contigua seguían bien animados así que propuse un juego para rematar la faena. Nos dirigimos hacia donde estaba este otro grupo. Agarré a la neska que, tan amigablemente me había hecho un gran favor cinco minutos antes para que se sentara sobre mi cara. Nos montamos un sesenta y nueve femenino en toda regla. Le dije a su chico "venga, metésela", con lo que me obedeció rápidamente.
Moví la lengua por el coñito de Ainara, por los huevos y la polla de Gaizka a la vez que sentía dos dedos conjuntados con una lengua hábil que me estaban dando un gustazo... Apenas diez minutos después el ritmo de ella se incrementó, paseando ese cúmulo de flujo velozmente sobre mi lengua y pronto mi cara notó una gran estampida de placer y gemidos, lo que me indicó que había experimentado una corrida espectacular.
Alucinaba con el chaval, aún le faltaba un poquito para repartirnos la leche así que decidimos que se la íbamos a sacar entre las dos. Mano a mano, boca con boca, nos fusionamos en un profundo beso mientras él nos agarraba del pelo para dominarnos como a un par de perras esperando su recompensa. Le amasamos la polla, saboreamos el regusto a coño, borrando lentamente su presencia, y jugamos de manera cómplice para hacerle sentir afortunado. Lanzó un chillido que ni Tarzán en sus buenos tiempos, otorgándonos toda la lechada en nuestras preciosas facciones.
Así de contentas nos dimos un besito de buenas noches y quedamos en dormir juntitas después de limpiarnos, desmaquillarnos y hacer todo aquéllo que una mujer acostumbra antes de meterse en la cama.
Poco después transcurrieron las tres horas en las que pegamos ojo, rozándonos la una con la otra ;)