Paseaba tranquilamente como todos los atardeceres por un parque cercano a mi casa, estaba anocheciendo y apenas había gente. Un grupo de tres chicos se puso a mi altura cuando uno de ellos me agarró por la cintura mientras me decía al oído lindezas acerca de mi cuerpo, los demás permanecían quietos mientras miraban la escena. En un principio me sobresalté y pensé en echar a correr, pero sus cariñosas palabras me embriagaron.Empece a notar un calor que me recorría todo el cuerpo en el momento que su mano abandonó mi cintura para detenerse en mi trasero.
“¡Hagámoslo aquí!”, me dijo conduciéndome hasta una zona apartada. Yo no podía articular palabra, estaba como hipnotizada, incapaz de no ceder a sus pretensiones. Me apoyó contra un árbol mientras su mano se deslizaba por debajo de mi corta falda y su lengua chupaba mis pezones por encima de la blusa.
Empece a notar que me excitaba lo que aquel desconocido hacía, las primeras gotas húmedas empezaban a brotar de mi sexo y mis pezones se erguían notando la presión con mi ajustada blusa. Su lengua se percató de ello y con un rápido movimiento la arrancó dejando al descubierto mis senos. En ese momento mi mano como un resorte se aferro a su bragueta, tras la cual intuya un poderoso miembro en plena erección. “¡Hazme gozar como una loba en celo!” , le dije.
Desposeída ya de mi falda y braguitas me arrodillé ante el bajándole los pantalones,y contemplando como su sonrosado y apetecible glande asomaba por encima de su slip, el cual le quité sin más dilación. Por fin tenía a escasos centímetros de mi boca aquel descomunal miembro.
Mis manos se aferraron a él con un movimiento de vaivén, al tiempo que de su boca salieron los primeros gemidos, abracé con mis labios su capullo y mi lengua comenzó a describir círculos. “¡Mas adentro!”, gritó el y yo con sumisión obedecí sus órdenes, tragando lentamente, notando cada rugosidad, cada hinchada vena de su largo pene. En unos minutos lo tenía todo dentro sintiendo su latido de placer en lo más profundo de mi garganta. De repente noté que unas manos alzaban mi trasero colocándome a cuatro patas, era uno de sus amigos, el cual ayudándose de su saliva comenzó a lubricar mi ano, el tercero masturbándose no perdía detalle de la escena. Una vez que comprobó que tres de sus dedos se deslizaban sin oposición por mi recto, se apresuró a clavármela hasta que sus huevos tomaron contacto con mi culo.
Estaba loca de placer,en un éxtasis jamás imaginado y mis gritos de placer invadían el ya solitario parque, una polla en mi boca y otra en mi culo, era algo nuevo para mi.Las embestidas de uno y de otro hacían q mi cuerpo se moviese hacia delante y hacia atrás, mí coño parecía un volcán en erupción, pero…le faltaba algo, me sentía tan guarra que le dije al tercer tipo q se acercara, “¡tápame este chorreante agujero!” le ordené (había llegado un momento en que ya era yo quien manejaba la situación). Se deslizó por debajo de mi cuerpo hasta que su pene apunto hacia mi solitario agujerito, deje caer el peso de mis caderas y… ¡¡zasss!!, el acoplamiento fue perfecto.Lo había conseguido los tres penes ya estaban ubicados en mis respectivos orificios.
Unos entraban al tiempo que otros salían me sentía sucia y llena al mismo tiempo, hasta q no aguanté más y dando alaridos de placer me corrí como jamás pensé que pudiera llegar a hacerlo.
“¡Ahora, poneros de pie y correros en mi cara!, quiero sentir el calor de vuestro semen en mi rostro”. Mirando hacia el firmamento abrí mi boca y note como incesantes chorros de leche inundaban mi cara, mis labios , mis mejillas y como ríos descendían por mi cuello hasta llegar a mis pechos.
¡¡¡Ring , ring, ring!!!, el sonido del despertador me devolvió a la cruda realidad. Todo había formado parte de un maravilloso sueño, pero….algún día puede convertirse en realidad.