VIENDO SEXO
¿Qué si me gusta el sexo? Pues claro, como a toda mujer. Lo que pasa es que a mi manera. Yo necesito un aliciente, un empujoncito inicial para desarrollar todos mis instintos. Mi nombre: Marta. Estatura: 1,70. Cualidades: más ganas de follar que una gallina que no pone huevos. Os voy a contar algo que me pasó el otro día…
“Eran sobre las diez de la noche y el macarra de mi marido, con el cual convivo para mi desgracia, se preparaba para ver en la tele un nuevo partido del Madrid. La camiseta puesta con el siete de Raúl detrás, la bufanda y los ganchitos. Cualquiera que le viera pensaría que estaba haciendo semejante subnormal con tanta cosa encima en el primer partido de la temporada, con cuarenta grados en Madrid a la sombra y con esa cara de panoli.
Paso el martirio del partido. Ya cenados y siendo las doce teníamos la misma cara de breva que todos los sábados por la noche. El sexo se había convertido en algo monótono y el lelo éste no me daba ningún empujoncito. Cogí el mando y busqué entre los canales algo que mereciera la pena. Casualmente, y por iluminación celestial, el zaping acabó cuando di con una película porno. Comenzó fuerte, con un machote que enculaba a una zagala y yo ya tenía los pezones como dos platillos volantes. Le dije al modorro que tenía al lado que hiciera lo mismo o que se quedaba sin cenar durante los próximos meses.
La verdad es que a mi marido no le vi buena cara, como si le costara esfuerzo. Claro, ya se había herniado con el puto partido. A mi me daba igual todo y me bajé las bragas. Saqué de mi escondite la pócima mágica y me unté el ano. Le cogí la polla y me la metí en el culo. Yo era la que hacía todo el trabajo, moviéndome como una perra de adelante hacia atrás. Yo me lo guisaba y yo me lo comía.
Me cansé. Le aparté de mí y lo dejé adormilado en la otra punta del sofá. Fui de nuevo al cajón secreto a por otra de mis armas de mujer multiorgásmica. Saqué mi mayor tesoro: un vibrador que no se lo calza ni una yegua. Me senté delante de la tele. En ese momento tres varones bien pertrechados enfundaban sus pollas hacia una muchacha de enormes pechos. Ostia como se parecía a mí. Me estaba sobreexcitando. Me di con garrote vil de plástico en mi coño. Me chorreaba tanto que por un momento creí que estaba lloviendo. Me corrí, vaya que si me corrí. Dejé parte del sofá manchado, pero con arreglo. Contenta de mi sesión de cine de sexo me encaminé hacia la cama. Miré a mi marido que seguía dormido perdido. A veces pienso si será gay el hijoputa…”
Y ese es mi historia. Supongo que a más de una os habrá pasado, pero como veis, todo tiene remedio, casero claro.
FECHA: 04/09/2008 PUBLICADO POR JUSTINE