DE ACAMPADA
El domingo volví de acampada. Estuve con unos amigos en la ruta del vino riojana. En principio era un viaje gastronómico-cultural. Lo que ninguno esperábamos, y menos yo, era que iba a ser un puente de folleteo total, de leña al mono que es de goma y de afilar en lapicero para no salirse del renglón.
El camping era agradable. Desde que entramos nos pareció a todos muy acogedor. Había muchas caravanas y alguna tienda de campaña. Nos colocamos a la entrada, a mano derecha, en un lugar estratégico desde el cuál se divisaba todo el recinto. En el centro estaban los baños. Las duchas masculinas ocupaban un largo y las femeninas al otro.
La primera noche llegamos de andar por ahí, visitando varios pueblos de la zona. Machacados, decidimos darnos una ducha por turnos para vigilar la tienda. Me tocó ir sólo y el último, aunque no me importó. Entrando por la puerta de las duchas coincidí con dos chicas, algo más jóvenes que yo. Ambas me sonrieron, la rubia y la morena. Conforme entraban me quedé mirándoles el culo. Unos pantaloncitos cortos era todo lo que necesitaban para marcar sus excelentes glúteos.
Entré en la ducha pensando en aquellos dos ángeles que había visto. Cuando creía que eran un sueño una de ellas asomó la cabeza por encima del muro que separaba los baños. Sonriendo, no dejaba de mirarme el paquete. Mi pene comenzó a empalmarse. Parecía un enorme mástil sin bandera. La cabeza de la morena desapareció para dar paso a la de la muchacha rubia. Sonriendo como su amiga, se fijó a su vez en mi polla que ya no parecía un mástil sin bandera sino un ariete de vikingo a punto de embestir una puerta. Acabé de ducharme como pude.
Cuando me disponía a salir las dos chicas me cortaron el paso. Se habían colado en el lado masculino. Eran más de las diez y media y no había nadie. Me empujaron hacía el interior de mi ducha y tiraron la toalla al suelo. Comenzaron a morrearse, a babearse. La saliva formaba pequeños hilos de la boca de la una a la de la otra. Pensando que lo había visto todo, dejaron de magrearse para ocuparse de mi pene. El glande lo tenía tan gordo que se podía divisar desde el espacio sin ayuda de satélite. Lo devoraron y antes de correrme se pelearon por cabalgarme como dos buenas amazonas. Me las follé a las dos. Salí de la ducha con cara de gilipollas y con mucho sueño.
Aún quedaban dos noches más de puente. A mi se me hicieron eternos en el buen sentido. Cada vez que entraba al baño de noche, para cepillarme los dientes, para ducharme o simplemente para mear, allí estaban ellas, al acechó. Follé más que en la universidad, y sin ayuda de alcohol. A mis amigos les he dicho que hay que repetir en el mismo camping la próxima vez, que todavía existen muchas cosas por ver. Me miraron atónitos.
FECHA: 07/05/2008 PUBLICADO POR JUSTINE