¡A VOTAR, A VOTAR!
Hoy he ido por primera vez a votar. Acabo de cumplir los 18 hace seis días y ya me toca. Desorientada, reflexionando días atrás sobre a quién iba a votar, concluí que apoyaría con mi papeleta al partido en el Gobierno.
Me he levantado tarde, como a las doce de la mañana. Anoche estuve de fiesta con unos amigos y se me hicieron las tantas. Finalicé la noche con mi novio, echando un polvo en mi casa con mis padres dormidos al otro lado del tabique.
Mi colegio electoral es religioso. El “hall” está lleno de trofeos deportivos que apuntalan la reputación del centro, si bien las instalaciones y la edificación parecen arcaicas. Caminando hacia el aula que alberga las urnas de mi mesa me cruzo con innumerables abuelas. Mi barrio concentra buena parte de los “vejetes” de nuestra ciudad. Todos ellos granero del partido de la oposición, justo lo contrario de lo que yo voy a votar.
Introduzco las papeletas, la del Congreso y la del Senado, y me encamino hasta la mesa. La presidenta las coge y las deposita en las urnas. Mis ojos apuntan hacia un distintivo del partido opositor que cuelga del cuello de un joven, vocal para más señas. El joven parece tener cinco o seis años más que yo. Antes de despedirme de todos le lanzo una sonrisa cómplice que él atrapa con su mirada y que devuelve como una pelota rebotada en un frontón.
El caso es que salgo del aula cuando una mano me toca el brazo. Era él. Me dice que tiene un ratito para tomar un café y que si le quiero acompañar. Acepto encantada. Intimamos. Me cuenta que acaba de empezar a trabajar en una empresa de informática, que tiene novia y que espera que la noche acabe pronto para irse a casa. Me ofrezco a animarle. Le digo que pasaré cuando pueda para tomar un café rápido. Acepta encantado.
Vuelvo después de comer. El poco ambiente permite que me acompañe. No se como pero hablando de sexo nos vamos calentando. Nos escapamos y nos escondemos en un baño de la planta superior. Acabamos follando, de pie. Noto como me revienta el coño. No para de embestir como una fiera, teniendo que reprimir mis gritos. Le agarro con fuerza para que me penetre más fuerte. Hacia tiempo que nadie me follaba así, ni siquiera mi novio.
La operación se repite dos veces más a lo largo de la tarde. En la mesa electoral le llaman “Juan Valdés” por su afición al café. Como es el joven le dejan hacer mientras los veteranos aguantan el tipo en la mesa.
Mi primera experiencia electoral ha sido plenamente satisfactoria. He votado por partida doble, primero electoralmente y segundo sexualmente. Me gusta la democracia.
FECHA: 12/03/2008 PUBLICADO POR JUSTINE